¿Tiene Ud. en su refrigerador la cura del cáncer?
Es probable que no. Sin embargo, puede ser que algunos
de los recursos más eficaces para ayudar a prevenirlo
(o su recurrencia, si Ud. ha sobrevivido a la enfermedad)
estén tan cercanos como su cocina. |
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Nadie posee todas las respuestas, por supuesto. Es muy
sencillo sentirse frustración después de
escuchar un informe noticioso más sobre un alimento
o sustancia en particular que causa o evita el cáncer.
Entonces, meses más tarde, se escucha de un investigador
distinto que esa misma sustancia provoca exactamente lo
contrario. En ocasiones, es difícil saber qué creer.
A pesar de esto, muchas son las posibilidades promisorias
que ameritan prestarles más atención. En
la batalla contra el cáncer, es importante todo
lo que podamos hacer para optimizar la resistencia y eficacia
de nuestro sistema inmune y proveer a nuestras propias
defensas los recursos que necesitan para protegernos. Puede
ser lo suficientemente relevante como para orientar las
probabilidades a nuestro favor.
Un número de estudios publicados que crece con rapidez
indica que algunos componentes alimentarios parecen ayudar
a prevenir el cáncer y, a veces, facilitan incluso
que el cuerpo lo combata si ya se padece la enfermedad.
Estos elementos son lo que los investigadores llaman quimioprotectores.
Entre ellos se cuenta un grupo conocido a menudo como antioxidantes.
Al parecer, éstos protegen al cuerpo de los efectos
de los elementos carcinógenos (que causan cáncer).
Dos ejemplos son las vitaminas C y E, que se sabe poseen
propiedades antioxidantes; se estima que operan evitando
el deterioro del DNA. Si éste ya se encuentra dañado,
incluso pueden ayudar a su reparación. Recuérdese
que el daño a la estructura del DNA es el precursor
para que las células se transformen de normales
a malignas. (Más sobre antioxidantes).
No es difícil encontrar fuentes adecuadas de antioxidantes;
de hecho, es probable que justo ahora se encuentren almacenados
en su refrigerador. Toda dieta que incorpora un alto nivel
de frutas y vegetales ordinarios puede ser rica en agentes
preventivos, incluyendo a los antioxidantes, según
la American Cancer Society (ACS). Recientemente, ACS publicó un
conjunto de lineamientos nutricionales para las personas
con cáncer, incluyendo lo que sabemos sobre los
alimentos que ayudan a evitarlo. (Link
con la American Cancer Society). Casi todas las frutas y los vegetales
son fuentes importantes de vitaminas y otros elementos
quimiopreventivos. El contenido natural de casi todos es
bajo en grasas y alto en fibra. Las frutas y los vegetales
también son ricos en una clase de compuestos explorados
recientemente llamados fitoquímicos (fito equivale
en latín a planta), y que se estima poseen importantes
propiedades sanas. (Más acerca de los fitonutrientes).
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Otros antioxidantes, que no son vitaminas,
también se encuentran en las frutas y los vegetales
y, al parecer, tienen potentes propiedades para combatir
el cáncer. Uno de ellos es el beta-caroteno,
sustancia que otorga a algunos vegetales su color,
como las zanahorias y los pimientos, y que el cuerpo
convierte en vitamina A. Cuando se ingiere en estado
natural (en un alimento rico en beta-caroteno, como
los vegetales de hojas verdes, las zanahorias o los
pimientos morrones), puede mejorar las reacciones del
sistema inmune en el cuerpo al estimular una molécula
que ayuda a que el sistema inmune localice y destruya
las células cancerosas. |
En cualquier análisis del potencial de una dieta
saludable para combatir el cáncer, es importante
recordar que muchos alimentos diferentes contienen elementos
benéficos. Los nuevos lineamientos de la ACS destacan
la necesidad de comer una dieta variada, más que
cualquier alimento o grupo de alimentos en particular.
Los nuevos parámetros subrayan también la
necesidad de limitar o controlar la obesidad, no sólo
mediante un decremento de las calorías consumidas,
sino también por medio del ejercicio, que fortalece
el cuerpo y fomenta un mejor uso de cualquier nutriente
digerido. Los estudios hechos con animales indican la posibilidad
de que tanto la grasa misma como el exceso de calorías
intervengan como promotores del cáncer. Cuando una
persona consume más calorías que las necesarias
para conservar una salud óptima, estimula su sobremarcha
metabólica causando que las células se dividan
más rápidamente. Esto incrementa el riesgo
de que algo pueda salir mal, dando como resultado células
con DNA dañado o incorrecto.
Más o menos, éste es el punto donde la mayoría
de las personas empieza a pensar sobre consumir suplementos
vitamínicos como opción a planear una dieta
sana, específica. Por desgracia, esto tal vez no
ayude tanto como pudiera creerse. Por ejemplo, un estudio
podría identificar un ingrediente activo particular
en un alimento que produce los resultados benéficos.
Sin embargo, ahora se cree que para que sea eficaz, es
preciso consumir dicho ingrediente en concierto con otras
vitaminas, fitoquímicos y a menudo otros componentes
de los alimentos no clasificados normalmente como nutrientes,
como la fibra. Se sigue estudiando cuál es el mecanismo
exacto mediante el cual ocurre tal beneficio sinergístico.
Por ejemplo, un ensayo mostró que si bien un grupo
de mujeres menopáusicas que consumieron alimentos
ricos en vitamina A y carotenos parecieron enfrentar un
menor riesgo de padecer cáncer mamario, otras que
ingirieron sólo suplementos con esos mismos elementos
no parecieron encarar tal peligro. Otros factores pueden
influir sobre el desenlace de un estudio aparte de qué incluyen
los lineamientos del experimento. Es posible que los individuos
que consumen una dieta balanceada en vez de recurrir a
la “rápida solución” de ingerir
unas cuantas cápsulas de vitaminas, en general tengan
mayor conciencia de llevar un estilo de vida saludable,
y que otros factores incluidos en ese estilo de vida sano,
contribuyan también a obtener un resultado positivo.
Los alimentos contienen sustancias químicas benéficas
en potencia que no son exactamente nutrientes, como la
ciencia las definiría. Por ejemplo, el ácido
beta-glicirretínico no sólo aporta al regaliz
su sabor peculiar; también se sabe que, en animales
de laboratorio, es un potente quimiopreventivo, aunque
no es un nutriente en el sentido estándar. A medida
que las investigaciones avanzan, se descubren muchos más
de esos tipos de agentes. Todo esto significa que todavía
estamos identificando las numerosas variables que proveen
los beneficios que buscamos.
El concepto de la sinergia de los nutrientes llevó a
los investigadores a estudiar otras clases de compuestos
presentes en los alimentos. Elementos menos tradicionales
que generan esperanzas en el laboratorio son, entre otros,
el selenio mineral, los bioflavonoides (compuestos gustativos),
así como la ubiquinona, compuestos celular. Al parecer,
el selenio opera en combinación con la vitamina
E para proteger a las células huéspedes del
daño. En realidad, se sabe que la reacción
inmune natural del cuerpo aparece muy deprimida en los
animales deficientes en selenio. Un sistema inmunitario
incompetente o deprimido no puede identificar y destruir
los constantes ataques a los que el ser humano está expuesto,
ni a los precursores de la producción de cáncer.
Hoy en día se estudian las posibles propiedades
de los bioflavonoides, incluyendo a los presentes en manzanas,
cebollas, té y vino tinto, para combatir el cáncer.
En un estudio que duró 24 años, personas
que consumieron alimentos ricos en bioflavonoides exhibieron
20% menos riesgo de sufrir cáncer. Estudios de laboratorio
y otros hechos con animales señalan incluso que
algunos de los compuestos del té verde pudiesen
tener la capacidad para destruir selectivamente las células
cancerosas (el té negro no parece hacer lo mismo).
La ubiquinona, compuesto tipo vitamina liposoluble que
favorece la generación de energía en nuestras
células, es un antioxidante potencial muy eficaz,
según algunas de las primeras pruebas llevadas a
cabo. Si bien existe de modo natural en el cuerpo, también
puede complementarse comiendo carne de res, puerco, macarela,
salmón, sardinas, anchoas y nueces. Todavía
falta investigar bastante para determinar finalmente sus
verdaderos beneficios. Los investigadores también han encontrado que consumir
valores altos de soya se relaciona con menores porcentajes
de muchos tipos de cáncer. Se sabe que un compuesto
químico derivado de la soya contrae los crecimientos
anormales que derivan en cáncer oral, según
un estudio clínico llevado a cabo en UC Irvine College
of Medicine. El componente llamado Bowman-Birk, un inhibidor
de proteasas, está basado en un compuesto químico
presente en la soya que evita que la enzima quimotripsina
descomponga las proteínas en el cuerpo. No se comprende
aún cuál es el mecanismo a través
del cual realiza esto, y actualmente se encuentra en investigación.
Sin embargo, este proceso parece tener propiedades quimiopreventivas
fuera de toda duda.
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En vista de todo esto,
el método seguro y lógico es comer alimentos
enteros ricos en nutrientes quimiopreventivos y no
tratar de autoadministrarse dosis elevadas de un componente
individual que algún estudio actual informa
tiene propiedades benéficas. Este enfoque conlleva
peligros reales. Se sabe que la vitamina A y sus retinoides
poseen efectos quimioprotectores. |
Pero si Ud. se administra dosis altas de vitamina A en
forma aislada, como con un suplemento encapsulado, corre
el riesgo de alcanzar en su cuerpo un valor peligrosamente
tóxico de ella. Usted puede sobredosificarse con
vitamina A, pero no puede hacerlo con espinacas—y
es más probable que la espinaca aporte el beneficio
que Ud. busca.
Aunque muchas de estas sustancias individuales pueden ayudar
a evitar la manifestación o la recurrencia del cáncer,
una dieta adecuada es aun más importante para quienes
reciben un tratamiento del cáncer. La radiación
y la quimioterapia cobran una cuota severa, y una dieta
rica en nutrientes es imprescindible para reconstruir las
células y fortalecer el cuerpo durante los tratamientos.
La radiación y la quimioterapia provocan un importante
daño colateral al cuerpo en general en tanto atacan
al cáncer mismo. Se necesita una enorme cantidad
de reparación celular. Para lograrla, el cuerpo
tiene que poseer los elementos de construcción nutricional
a fin de llevar a cabo esta labor. Incluso en este caso,
algunos investigadores dan a conocer noticias alentadoras.
Por ejemplo, las potentes propiedades antioxidantes de
la vitamina E pueden ayudar a reducir la toxicidad de ciertos
quimioterapéuticos como la adriamicina, que si bien
es un medicamento importante contra el cáncer, su
empleo conlleva cardiotoxicidad potencial. La vitamina
E exhibe cierta capacidad para abatir los efectos lesivos
de este tratamiento, sin interferir con la terapéutica
misma.(Más sobre la dieta durante los tratamientos contra
el cáncer)
Al final, tomando en consideración todas estas variables
y el número al parecer infinito de posibles combinaciones
de los efectos sinergísticos, es muy difícil
probar los beneficios de determinado tipo específico
de dieta. Algún estudio publicado tal vez se concentre
sobre un segmento de la población que recibe un
nutriente en particular, mas pudiese no considerar otros
factores genéticos o del estilo de vida, que contribuyen
a un desenlace positivo o negativo de los estudios. Quienes
participan en investigaciones a menudo “monitorean” y
siguen la pista de sus propios hábitos dietarios
y, por ende, es probable que tales estudios parezcan defectuosos
o sólo reflejen hábitos alimentarios de corta
duración. Estos puntos no son la norma, pero ocurren
con la frecuencia suficiente como para sopesar cautelosamente
qué oímos en los noticieros, y consultar
a un profesional médico antes de embarcarse en cualquier
plan dietario en particular. Otros estudios son llevados
a cabo con animales en un laboratorio. En tanto que generan
información nueva, es probable que sus resultados
no reflejen correctamente los efectos de los mismos nutrientes
en el ser humano. Habiendo considerado todo esto, una cosa
es cierta, nunca es erróneo comer en abundancia
frutas frescas, vegetales y granos enteros. Estas son las
fuentes primarias de los elementos nutricionales que el
cuerpo requiere para conservar un sistema inmune competente
y sano, nuestra defensa primaria contra el cáncer
y otros padecimientos. Usando las mismas palabras de Frank
L. Meyskens, Jr., M.D., director de Chao Family Clinical
Cancer Research Center, de UC Irvine: “la mejor manera
de curar el cáncer es evitándolo.” Desde
tal perspectiva, es posible que Ud. encuentre la curación
del cáncer en su propio refrigerador.
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