El aspecto más mortífero del cáncer es su capacidad
para extenderse, o experimentar metástasis. En un principio,
las células cancerosas se agrupan para constituir un tumor
primario. Una vez formado éste, las células pueden
comenzar a desprenderse del tumor y transitar hacia otras partes
del cuerpo, en un proceso denominado metástasis. Las células
cancerosas que viajan por el cuerpo pueden establecer tumores nuevos
en sitios remotos de la ubicación original de la enfermedad.
La metástasis es un proceso muy complicado que todavía
falta comprender de manera cabal. Para que experimente metástasis,
una célula cancerosa tiene que desprenderse de su tumor,
invadir los sistemas circulatorio o linfático |
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| que la llevarán a un sitio nuevo, y establecerse
por sí misma en dicho lugar. El cuerpo humano posee bastantes
defensas para evitar que las células lleven a cabo lo anterior.
Sin embargo, muchas células cancerosas pueden vencer tales
defensas. Las investigaciones se enfocan ahora sobre la comprensión
de las maneras en que las células cancerosas mutan para
evadir las defensas corporales y viajar libremente hacia otros
sitios.
Cuando se diagnostica un cáncer, éste puede ser
descubierto en un lugar distinto a la ubicación del tumor
primario. Por medio de varios recursos de análisis, los
doctores localizan el tumor primario y determinan con qué
magnitud se extendió desde ese sitio hacia otras áreas
del cuerpo. Los tumores localizados que no han tenido oportunidad
o tiempo para experimentar metástasis poseen el pronóstico
de curación más favorable. Los cánceres con
metástasis indican por lo general una fase más tardía
de la enfermedad, y el tratamiento se complica más, con
desenlaces más deficientes. En etapas tardías, las
personas con cáncer oral por ejemplo, pueden sucumbir ante
otro pulmonar o cerebral, que no correspondían al sitio
del tumor primario original.
Más a menudo, la metástasis acontece a través
de la sangre o el sistema linfático. Justo como una célula
normal, las cancerosas deben contar con riego sanguíneo
para funcionar; acceden a la circulación exactamente del
mismo modo que las células sanas. Dicho acceso permite
que células malignas desprendidas del tumor pasen a la
circulación general del cuerpo. Una vez en la sangre, las
células cancerosas pueden llegar entonces a todas las partes
del cuerpo humano. Al igual que el sistema circulatorio, el linfático
tiene sus propios cauces a través del cuerpo, por los que
una célula maligna puede viajar. Cuando los cirujanos eliminan
un tumor, es probable que también retiren porciones cercanas
del sistema linfático, incluyendo a los ganglios, en la
medida que éstos a menudo son los primeros sitios de las
metástasis del cáncer. Una vez que hay metástasis
hacia el sistema linfático, el pronóstico para que
haya curación desciende bastante.
A fin de comenzar el proceso de metástasis, la célula
maligna primero debe desprenderse del tumor canceroso. En un tejido
normal, las células se adhieren entre sí y a una
red proteínica que rellena el espacio entre ellas. Esta
red de proteínas se conoce como matriz extracelular. La
unión entre las células y la matriz extracelular
es muy característica de los epitelios, que son las capas
celulares que forman la piel y el revestimiento de la boca, el
estómago, los pulmones y otros órganos. Para que
una célula maligna se separe, tiene que independizarse,
no sólo de las células que la rodean, sino de la
matriz extracelular también. Moléculas que permiten
la adhesión de una célula con otra motivan que las
células permanezcan unidas entre ellas. Dicha adhesión
fomenta asimismo interacciones entre numerosas proteínas
en la superficie celular. En las células cancerosas, las
moléculas de adhesión parecen faltar o estar expuestas
a posible riesgo. Las cadherinas, familia de moléculas
de proteínas para la adhesión intercelular, tienen
una función importante en conservar unidas a las células.
Un subtipo de esta familia, la E-cadherina, es la molécula
de adhesión que está presente en las células
de los mamíferos. Al parecer, esta molécula es el
factor importante en la adhesión de una célula con
otra. En las células cancerosas, la cadherina falta parcial
o completamente. Esto permite que las células cancerosas
se desprendan unas de otras y de la matriz que conserva a todos
los componentes en su sitio. Investigaciones clínicas sobre
la manipulación de la E-cadherina muestran que esta molécula
es importante para detener la metástasis. Un estudio indicó
que bloquear la E-cadherina en las células cancerosas las
convirtió de no invasivas en invasivas. Tal ensayo estableció
la importancia de la adhesión celular. Las investigaciones
en cuestión revelaron el potencial de la adhesión
celular para inhibir la capacidad invasora de una célula
cancerosa, conservándola unida a otras. Si la adhesión
celular aparece expuesta a posible riesgo, las células
cancerosas pueden experimentar metástasis e invadir otras
zonas corporales. En relación con el cáncer oral,
los estudios señalan que la saliva aporta un medio adecuado
para la metástasis. La saliva es rica en ácido hialurónico
(HA, en inglés), compuesto que ocurre de manera natural.
El ácido hialurónico es una molécula que
se fija a la superficie celular, facilitando que ésta se
desplace. Lo anterior fomenta el que la célula eluda la
adhesión con otras células y permite que se desplace
más libremente.
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Aparte de unirse
entre ellas, las células también se adhieren a la
matriz extracelular, la cual está formada por proteínas
del tejido conectivo, como la colágena y elastina, que
interactúan para formar materiales muy insolubles. La matriz
extracelular no sólo une a las células entre sí,
también permite que sobrevivan y proliferen. Algunas investigaciones
indican que las células poseen dependencia en términos
de su anclaje. Esto significa que una célula no puede reproducirse
a menos que esté unida a una superficie. |
Tal conexión es posible por medio de moléculas de
la superficie celular llamadas integrinas, que se fijan a la matriz
extracelular. Sólo luego que la célula se une a una
superficie es que su ciclo reproductivo comienza. Las células
sin anclaje no se reproducen ni crecen. La proteína nuclear
llamada E-CDK2 regula el crecimiento y la división celulares.
Si una célula no se conecta a algo, sustancias inhibitorias
en el núcleo inactivan a E-CDK2, y la célula deja
de crecer. Un sinnúmero de células que no pueden hallar
anclaje, no sólo dejan de reproducirse y crecer, sino que
comienzan la apoptosis también, o sea, la muerte celular
programada.
La detención del crecimiento y la reproducción de
las células sin anclaje es una de las defensas del cuerpo
humano para conservar la integridad de los tejidos. Las células
normales poseen sitios específicos en los que deben permanecer
a fin de sobrevivir. Sin embargo, las células cancerosas
pueden existir sin estar ancladas. Su proteína E-CDK2 permanece
activa y permite que las células cancerosas crezcan y se
reproduzcan. Se ignora por qué E-CDK2 permanece activa, aunque
los investigadores estiman que oncogenes pueden ser la causa. Los
oncogenes son versiones mutadas de los proto-oncogenes, presentes
éstos en las células sanas y capaces de tornar malignas
a las células normales. Es posible que en las células
cancerosas, proteínas elaboradas por oncogenes puedan comunicar
un mensaje falso en cuanto a que la célula se encuentra anclada
cuando no lo está. Esto permite que la célula cancerosa
siga creciendo y reproduciéndose cuando debiese llevar a
cabo la apoptosis, o la muerte celular programada.
Una vez que la célula cancerosa se desprende de otras y de
la matriz extracelular, debe alcanzar un sistema circulatorio, linfático
o sanguíneo, a fin de autotransportarse. La sangre es un
medio ordinario de transporte, dado que los vasos sanguíneos
a menudo se encuentran cerca. Los tumores pueden crear nuevos vasos
sanguíneos (angiogénesis) con base en su necesidad
de nutrirse, hecho que otorga a las células cancerosas vastas
oportunidades de transporte. La entrada al vaso sanguíneo
exige la penetración de la membrana basal, que es un estrato
delgado de matriz extracelular especializada. Las membranas basales
rodean a los vasos sanguíneos mas también están
presentes en las células epiteliales. Las células
epiteliales, la fuente más ordinaria de cáncer, tienen
una membrana basal que las separa del resto del cuerpo. En el caso
de los tumores cancerosos que se desarrollan en las células
epiteliales, la célula cancerosa debe penetrar dos membranas
basales, la epitelial y la del vaso sanguíneo, a fin de transportarse.
Para traspasar la membrana basal, las células cancerosas
liberan enzimas llamadas metaloproteinasas (MMPs), que disuelven
las membranas basales y otras matrices extracelulares. Así,
permiten la penetración de la membrana basal de los vasos
sanguíneos, hecho que otorga a las células cancerosas
el acceso a otras partes del cuerpo.
Una vez en la sangre, la célula cancerosa tiene que combatir
a las defensas corporales e intentar reinsertarse en un nuevo sitio.
Menos de 1 de cada 10,000 células cancerosas supera la circulación
para crear un tumor nuevo. La circulación sanguínea
tiene una función importante en determinar hacia adónde
viajarán las células cancerosas. Éstas por
lo general quedan atrapadas en el primer paso de capilares que encuentran
en el sentido de la circulación desde su punto de entrada.
A menudo, tales capilares se encuentran en los pulmones, dado que
la sangre venosa desoxigenada que abandona muchos órganos
vuelve a los pulmones para su reoxigenación. De los intestinos,
la sangre pasa primero al hígado, por lo que las células
cancerosas que abandonan los intestinos irán ahí.
Los pulmones y el hígado son los dos sitios más frecuentes
de metástasis en el cuerpo humano. Una vez en un sitio nuevo,
las células tienen que repenetrar la membrana basal de los
vasos sanguíneos y establecerse en el nuevo tejido.
En el tumor primario mismo, sólo algunas células cancerosas
pueden experimentar metástasis. No todas las células
cancerosas tienen los recursos para sobrevivir el recorrido hasta
otra zona corporal. Bastantes células cancerosas en circulación
mueren dado que no están equipadas para superar todo el proceso
de metástasis. Propiedades del tumor mismo, como la deformabilidad,
la agregación y la expresión de las moléculas
adhesivas, evitan que las células de un tumor canceroso sobrevivan
el desprendimiento del tumor. El huésped también posee
recursos, como la turbulencia sanguínea, las plaquetas, las
células T, las células asesinas naturales y los macrófagos,
que matan a las células cancerosas circulantes. Las células
tumorales que llegan a su destino tal vez no puedan reaccionar ante
factores orgánicos específicos, y esto mata también
a las células tumorales. Un estudio realizado con ratones
encontró que menos de 0.1% de las células del melanoma
B16 (un tumor maligno) inyectadas sobrevivieron para llevar a cabo
la metástasis. Este reducido porcentaje de supervivencia
alienta el concepto del crecimiento selectivo de subpoblaciones
peculiares de células tumorales, dotadas con propiedades
especiales. Tales células poseen los recursos necesarios
para completar exitosamente el proceso de metástasis, en
tanto que la mayor parte de las células cancerosas mueren
en algún punto del recorrido. En las investigaciones, dichas
células fueron identificadas y aisladas, hecho que comprueba
que no todas las células cancerosas poseen capacidades de
metástasis.
También hay estudios que llevan a concluir que algunos tumores
sólo producen metástasis en órganos específicos.
Tales investigaciones muestran que si bien las células cancerosas
pueden alcanzar todos los órganos del cuerpo, sólo
poseen afinidad por algunos. Es únicamente cuando las células
alcanzan dichos órganos específicos que se anclan
y reproducen. Ivan Stamenkovic, de Harvard Medical School, apoyó
dicha teoría al poder dirigir la diseminación metastásica
de células tumorales. Insertó en el hígado
de un ratón una cierta molécula de adhesión.
Las células tumorales se dirigieron hacia el hígado
debido a las moléculas insertadas. Las moléculas de
adhesión insertadas exhibieron los marcadores correctos que
las células tumorales buscaban para fijarse. Éste
y muchos otros experimentos muestran que tanto el tejido del huésped
como las células tumorales determinan el sitio final de la
metástasis.
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