| El virus papiloma humano (VPH, o papilomavirus;
HPV por sus siglas en inglés) constituye uno de grupos virales
más frecuentes en el mundo que afectan hoy en día a
la piel y zonas mucosas del cuerpo. Suman más de 80 los diferentes
tipos de VPH identificados hasta ahora. Se sabe que distintas clases
del VPH infectan diferentes regiones corporales. Las formas más
visibles del virus producen verrugas (papilomas) en las manos, los
brazos, las piernas y otras zonas de la piel. La mayor parte de los
virus papiloma humano de este tipo son muy comunes, inofensivos, no
cancerosos y fácilmente tratables. Las verrugas genitales se
conocen en términos técnicos como condiloma acuminado
y se vinculan por lo general con dos tipos de VPH, |
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los números 6 y 11. Hay otras variantes del VPH que se transmiten
por vía sexual y representan un problema grave. Dichas formas
son: VPH-16, VPH-18, VPH-31 y VPH-45. Estos tipos del VPH se relacionan
con el cáncer y provocan brotes que por lo regular aparecen
planos y son casi invisibles, en contraste con las verrugas causadas
por VPH-6 y VPH-11. Se reconoce que dos tipos de virus papiloma
humano de la vía genital en particular, VPH-16 Y VPH-18,
originan hasta 95% de los cánceres cervicouterinos, y estudios
recientes indican que tales virus podrían relacionarse con
el cáncer oral también.
Agrupar a virus y bacterias en una misma categoría patológica
motiva interpretaciones equivocadas. Las bacterias y los virus son
dos microorganismos totalmente distintos; cada uno funciona en formas
diferentes y peculiares. Las primeras son gérmenes unicelulares
que pueden vivir y reproducirse de manera independiente. Las partes
principales de una bacteria son: la pared celular, el citoplasma
y un nucleoide. La pared celular protege a la célula y le
da forma. El citoplasma es el líquido presente dentro de
la célula donde acontecen el metabolismo, la replicación
y el crecimiento celulares. El citoplasma también contiene
todos los componentes para que tales acciones ocurran, como el nucleoide,
los ribosomas y los plásmidos. El nucleoide es la región
del citoplasma donde se localizan los cordones de DNA. Las células
bacterianas se reproducen a través de un proceso llamado
fisión binaria. En él, una sola célula bacteriana
crece hasta duplicar su tamaño normal y se divide en dos
células hijas. Las dos células hijas nuevas son copias
exactas de la célula original. Cuando las bacterias infectan
a un organismo, lo hacen multiplicándose dentro del cuerpo
humano y produciendo toxinas que infectan a los tejidos o las células
circunvecinos. Sin embargo, muy pocas son las bacterias perjudiciales;
99% de las presentes en el cuerpo humano son útiles. De hecho,
la mayor parte son necesarias para la vida. Con antibióticos
es posible eliminar o aniquilar las bacterias dañinas que
causan enfermedades.
Por otra parte, los virus existen y funcionan de modo totalmente
diferente al de las bacterias. Los virus no son microorganismos
independientes. Cuando un virus está solo no es activo en
términos metabólicos como las bacterias; necesita
una célula huésped para funcionar y en la cual reproducirse.
Los virus están compuestos únicamente por una cápsula
proteínica que contiene su DNA o RNA. Cuando el virus entra
en contacto con una célula, puede insertar su material genético
en dicha célula huésped. Una vez que la invade, puede
pasar a una de dos fases: lisogénica o lítica. Durante
la primera, el virus permanece inactivo en la célula huésped
y no la afecta. La célula huésped continúa
funcionando de manera normal, a pesar de la invasión viral.
En la fase lítica, el virus se apropia de la célula
huésped y la utiliza para reproducir más virus.
Una vez en la etapa lítica, el material genético del
virus se apropia de las funciones celulares y controla el proceso
reproductivo. El material genético viral ordena a la célula
huésped que elabore proteínas y copias de DNA o RNA
virales. Entonces, las proteínas del virus se integran en
cubiertas proteínicas, y el DNA o RNA virales son empaquetados
dentro de las cubiertas. Esto produce muchos más virus en
el interior de la célula huésped. Al concluir este
proceso reproductivo, la célula huésped muere y los
virus recién producidos salen a infectar otras células.
A diferencia de las bacterias, los virus no pueden ser destruidos
con antibióticos. Si bien actualmente no hay tratamiento
médico alguno para eliminar una infección causada
por el virus papiloma humano, sí es posible tratar las verrugas
y las lesiones intraepiteliales escamosas (SILs, por sus siglas
en inglés) provocadas por tales virus. Los métodos
empleados para tratar las lesiones intraepiteliales escamosas incluyen
a la cauterización en frío (congelación que
destruye tejidos), el tratamiento con rayo láser (cirugía
realizada con una luz de alta intensidad), la extirpación
electroquirúrgica a fin de eliminar un tejido mediante una
ansa de alambre caliente (LEEP), así como la intervención
quirúrgica ordinaria. Es posible usar tratamientos similares
para las verrugas genitales externas. Asimismo, dos sustancias químicas
potentes (podofilina y ácido tricloroacético) pueden
destruir las verrugas genitales externas si se les aplican directamente.
Una crema a base del compuesto llamado imiquimod también
fue aprobada recientemente por la Dirección de Alimentos
y Fármacos (FDA-Food and Drug Administration), de Estados
Unidos, como tratamiento farmacológico eficaz. Imiquimod
estimula al sistema inmune para que combata a los virus. Una vez
infectado con un virus, éste puede convertirse de modo indefinido
en parte del organismo. Si bien puede no haber algún signo
extrínseco de su presencia, el virus atraviesa por lapsos
de latencia sin ser identificado. Un ejemplo frecuente de esto es
el virus herpes simple que provoca las aftas labiales.
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El virus papiloma humano es un virus DNA de doble
cordón que infecta a las células epiteliales de la piel
y la mucosa. Las superficies epiteliales son todas las zonas cubiertas
por piel, mucosa, o ambas, como la boca, la faringe, la lengua, las
amígdalas, la vagina, el pene y el ano. La transmisión
del virus ocurre cuando dichas regiones entran en contacto con él,
permitiendo su transferencia entre las células epiteliales. |
Se desconoce por qué ciertos tipos de VPH eligen como blanco
a la piel de las manos o los pies, en tanto que algunos más
atacan a las células que recubren la boca, e incluso otros,
a los genitales tanto masculinos como femeninos. Los VPH más
peligrosos, 16 y 18, se transmiten mediante el contacto sexual.
Tales virus pueden causar dos clases de tejido anormal: de condiloma
y tejido displásico. Los tejidos del primer tipo corresponden
a los crecimientos tipo verruga. Éstas son a menudo indoloras,
pero producen a veces cierta irritación, comezón o
ardor. Esta clase de tejido aparece en la piel como un crecimiento
tipo coliflor. Es posible tratarlo en cualquier momento en que exhiba
agudización y no es maligno. El tejido displásico
consiste en la presencia de células anormales en la superficie
de la piel. La displasia no es cáncer, pero corresponde a
un cambio del tejido previo a la neoplasia. En un ejemplo de la
transición de una célula desde normal hasta cancerosa,
la prueba de Papanicolau puede revelar la presencia de displasia
del cuello uterino o es posible observarla a simple vista con una
lupa llamada colposcopio.
Si bien no es mucho lo que se sabe sobre la fisiología del
VPH, bastante es lo que los científicos conocen de la biología
viral. El virus posee ocho genes que se clasifican como tempranos
o tardíos, según el momento de su expresión
en el ciclo vital del virus papiloma humano. Los genes E1 y E2 precoces
intervienen en el control de la transcripción y replicación
del genoma viral. La transcripción consiste en la producción
de una molécula de RNA mensajero que contiene una copia de
la información genética a partir del DNA. Aún
se ignora cuál es la función del gene E4, mas se estima
que fomenta la fase productiva del ciclo vital del virus papiloma.
El gene E5 mejora la actividad del factor de crecimiento epidérmico.
Los genes E6 y E7 obstaculizan el control de la transcripción
y el ciclo celular de la célula huésped. Los genes
tardíos L1 y L2 codifican proteínas del cáspide
viral usadas en la producción de los nuevos virus.
El aspecto más peligroso del virus papiloma humano es su
potencial para causar cáncer. Tema muy estudiado es su capacidad
para provocar el cervicouterino. Dos genes, Rb y p53, regulan la
división celular normal. El primero produce los factores
de transcripción necesarios para el avance a través
del ciclo celular. Esto denota que Rb impide que la célula
se divida hasta que haya aislado suficientes proteínas para
la división celular. E2F es la importante proteína
que Rb produce, lo que convierte a Rb en un gene/proteína
supresor de tumores. Esto impide que el ciclo celular prosiga hasta
que se hayan acumulado suficientes proteínas, en especial
la E2F. Cuando VPH infecta una célula, el gene E7 se fija
a Rb de tal modo que Rb libera E2F y las otras proteínas.
Esta es una señal para que el ciclo celular avance. En tanto
E7 permanezca fijo a Rb, el ciclo celular continuará, causando
así un ciclo de reproducción celular incontrolada,
que es una de las características que definen a una célula
maligna.
P53 es el otro gene que VPH ataca. En una célula, p53 actúa
en respuesta al DNA dañado. Cuando se deteriora el DNA de
una célula, p53 detiene la división celular y dirige
a los genes comprendidos en la reparación de DNA a fin de
corregir el daño. Si no es posible reparar el DNA, p53 causa
entonces apoptosis (muerte celular programada), garantizando así
que la célula dañada muera y no se reproduzca. En
las células cancerosas, p53 a menudo aparece deteriorado
o no funcional. Esto favorece que las células con DNA dañado
o alterado sigan viviendo en vez de ser destruidas. La proteína
E6 viral puede fijarse a p53 e inactivarlo. Lo anterior permite
que el virus se apropie de la célula y se reproduzca a si
mismo, dado que el gene p53 inhibido por el virus no puede detenerlo
o comenzar el proceso de la muerte celular. La replicación
repetida de células con información DNA incorrecta
es el inicio de la formación de un tumor maligno. A más
de bloquear el gene p53 celular, la proteína E6 viral activa
a la telomerasa, enzima que sintetiza las secuencias repetitivas
del telómero. La activación de esta enzima conserva
un ciclo celular repetido que continúa produciendo células
virales. Esto deriva en cáncer a medida que las células
mutantes siguen reproduciéndose sin control.
Los VPH 16 y 18 son los dos papilomavirus humanos más dañinos.
Ambos son virus genitales que se diseminan por contacto sexual.
Estos tipos del VPH poseen proteínas E6 y E7 con capacidades
de fijación muy firmes. Esto permite que VPH-16 y VPH-18
se reproduzcan con rapidez y en grandes cantidades, hecho que deriva
en la reproducción sin control de las células con
virus, y finalmente el cáncer. Está bien establecido
que VPH-16 y VPH-18 son causas del cáncer cervicouterino.
Hoy en día estos dos virus también se relacionan con
el cáncer de la boca. Una investigación hecha por
el Dr. No-Hee Park muestra que la boca es, en el plano celular,
de estructura muy semejante a la vagina y el cuello del útero.
Ambos órganos tienen el mismo tipo de células epiteliales
que son el objetivo de VPH-16 y VPH-18. La mayor parte de los cánceres
bucales son cánceres de células epiteliales, sobre
todo carcinomas de células escamosas, situación no
distinta a los cánceres que afectan el cuello uterino. El
primer paso en la comprensión de las similitudes de estos
tejidos y la enfermedad que los afecta, derivó en investigaciones
que pudieron relacionar los cánceres orales con el virus
papiloma humano. El estudio del Dr. Park también mostró
que consumir tabaco e ingerir alcohol promovieron la invasión
por VPH. Las bebidas alcohólicas contienen el alcohol etanol,
y se sabe que éste inhibe la producción de la proteína
p53. Otros investigadores comprobaron que carcinógenos presentes
en el tabaco dañan el DNA celular, evento precursor del cáncer.
Combinar el tabaco y alcohol con VPH y las células epiteliales
presentes en la boca puede generar la fórmula para producir
un cáncer oral. Un estudio reciente llevado a cabo en el
centro oncológico del hospital Johns Hopkins auspició
la premisa de que el VPH se relaciona con ciertos tipos de cáncer
oral. La Dra. Maura Gillison encabezó una investigación
que analizó a 253 personas diagnosticadas con cánceres
de la cabeza y el cuello. En 25% de los casos, tejido obtenido de
los tumores fue positivo al virus papiloma humano. Noventa por ciento
de los tejidos positivos a VPH exhibieron la presencia de VPH-16.
Esta información ayuda a confirmar un nexo firme entre VPH
y el cáncer de la boca; los estudios en cuestión también
generaron más información relevante.
La Dra. Gillison afirmó: “Encontramos que los pacientes
con carcinomas de células escamosas de la cabeza y el cuello
[HNSCC, por sus siglas en inglés] positivos al virus papiloma
humano alcanzaron supervivencia mucho mayor y específica
para la enfermedad que otros con tumores negativos al virus citado,
incluso luego de realizar ajustes tocante a la edad, el estado de
los ganglios linfáticos y el consumo excesivo de alcohol”.
(Lea Ud. el boletín
noticioso acerca de dicho estudio). Se llevan a cabo más
investigaciones sobre la relación del VPH con muchos otros
tipos de cáncer, así como con los cánceres
orales en particular. Veinticinco por ciento de los diagnosticados
con cáncer bucal no son fumadores. El 75% restante de las
personas diagnosticadas han consumido alguna forma de tabaco durante
su vida. Dado que el tabaquismo es el agente causal principal de
los cánceres de la boca, las investigaciones acerca del nexo
entre VPH y los cánceres orales aportan claves en cuanto
al origen del cáncer en los pacientes diagnosticados que
no fuman (25 por ciento)
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